En el día de hoy hemos querido darle publicidad gratuita a un fisioterapeuta que hemos conocido y que nos ha parecido el sumun de la originalidad en el plano corto (o de los tejidos más superficiales). Vaya por delante que profesamos la máxima admiración a aquellas personas, llamadas inventores, que se dejan su intelecto para crear ingenios que nos faciliten la vida a los demás, dejando además su impronta personal en ello. El inventor además, debe creer con fe ciega en su trabajo, pues (no es coña) ha supuesto muchas horas de pensamiento, ingeniería y desarrollo, que muchos otros son incapaces de hacer, sea lo que ha creado un truño inasumible o una perfección instrumental. De ahí que existan las patentes. Este es el caso de Stefan Richellis, el fisioterapeuta inventor que no deja indiferente a nadie y que un buen día decidió que eso de trabajar con sus propias manos era de pobres, lo que molaba era usar cachivaches y artilugios que sustituyeran a sus dedos. Y lo logró, vaya si lo logró.
