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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sin criterio almohadillil

La palabra almohada proviene del árabe andalusí al-muhádda y esta a su vez deriva del árabe clásico مخدة mujadda. Su historia viene casi pareja a la de la humanidad, pues se han encontrado almohadas en tumbas egipcias, ornamentados cojines en la China feudal, rulos de cabra insufribles en la edad media y así un largo etcétera. En un principio asociada al prestigio social, pues eran las clases pudientes las que disponían de este elemento acomodaticio en detrimento de las balas de paja o piedras almohadiformes que utilizaba el vulgo para descansar, fueron finalmente accesibles para la inmensa mayoría de la población a raíz de la revolución industrial. Desde entonces, la tecnología del diseño ha hecho "progresar" a este elemento del descanso hasta alcanzar metas, formas y materiales insospechados, pues incluso la NASA se ha interesado en ello y ha puesto toda la carne en el asador para crear las primeras almohadas inteligentes, con memoria selectiva cual HAL 9000 y precio también selectivo cual atraco de banda armada. Y todo esto venía siendo así: este mullido dispositivo disfrutaba de un enorme éxito sin que nadie se lo cuestionase, del mismo modo que la propia fisioterapia, hasta que ambos conceptos tuvieron a bien juntarse. Entonces, todo se jodió.