¿Dónde está el límite de la consideración sobre los pacientes? ¿Hasta qué punto podemos afirmar que un paciente es nuestro, tuyo, mío o de Periquito el de los palotes? ¿Qué significa exactamente eso de "tener una cartera de pacientes"? ¿Por qué los fisios de clínicas privadas consideran tener la patria potestad sobre los pacientes que visitan sus centros? ¿Puede un fisioterapeuta "quitarle" pacientes a otro? Puede ser éste o no un asunto espinoso a tratar dentro de los muchos de los que habría que hablar más abiertamente y, como es bien sabido, en esta página nos gusta abrir cajas llenas de truenos y mojarnos un poco, por lo que pueda no pasar. De modo que veamos algunos supuestos.
¿Otro blog sobre fisioterapia? ¡¡¡Noooo!!! Un blog para fisioterapeutas y también para pacientes, donde encontrarás todo aquello que siempre quisiste saber y nunca te atreviste a preguntar.
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domingo, 18 de febrero de 2018
lunes, 5 de junio de 2017
Privatizando fisioterapia
Desque los visionarios neoliberales vieron la salud como una suerte de negocio, cuyo rendimiento económico debían ser los euros que manaban de las piedras del riñón de alguno de los pacientes, la gallina de los huevos de oro no ha dejado de generar oportunidades. Una de las mayores certezas suele ser, que gente sin ningún tipo de formación sanitaria, se pone al mando de hospitales o empresas privadas, y su formación economista les fuerza a sacar a dicha "empresa", pues así la considera, el máximo rendimiento económico posible. Por supuesto, el dinero no fluye de los cálculos biliares, sino que papá estado y, en última estancia, el contribuyente con su declaración de hacienda, es el que está pagando los caprichitos de cuatro empresarios que se forran a costa de la salud y de la estupidez humana. Se produce así la siguiente ¿ecuación?
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Sin criterio almohadillil
La palabra almohada proviene del árabe andalusí al-muhádda y esta a su vez deriva del árabe clásico مخدة mujadda. Su historia viene casi pareja a la de la humanidad, pues se han encontrado almohadas en tumbas egipcias, ornamentados cojines en la China feudal, rulos de cabra insufribles en la edad media y así un largo etcétera. En un principio asociada al prestigio social, pues eran las clases pudientes las que disponían de este elemento acomodaticio en detrimento de las balas de paja o piedras almohadiformes que utilizaba el vulgo para descansar, fueron finalmente accesibles para la inmensa mayoría de la población a raíz de la revolución industrial. Desde entonces, la tecnología del diseño ha hecho "progresar" a este elemento del descanso hasta alcanzar metas, formas y materiales insospechados, pues incluso la NASA se ha interesado en ello y ha puesto toda la carne en el asador para crear las primeras almohadas inteligentes, con memoria selectiva cual HAL 9000 y precio también selectivo cual atraco de banda armada. Y todo esto venía siendo así: este mullido dispositivo disfrutaba de un enorme éxito sin que nadie se lo cuestionase, del mismo modo que la propia fisioterapia, hasta que ambos conceptos tuvieron a bien juntarse. Entonces, todo se jodió.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Relatos de fisioterapia -> Aquella farmacéutica
El aquellos días, como dice la biblia en sus prolegómenos de cuentecillo, trabajaba yo en la clínica más rancia de todas cuantas hubo. Los pacientes, empolillados y abotonados en el pasado, eran una suerte de mezquindad rancia con aroma a putrefacción del régimen franquista, venían con ese olor tan nauseabundo a tabaco negro y sudor, camuflando su peste entre galas y antiguas riquezas, más propias de la aristocracia que de ser usuarios básicos para mis experimentos en camilla. Yo, que acababa de terminar la carrera, uno o dos años ha, como mucho, no tenía aún el manejo suficiente para según que cosas, aunque fue así como aprendí a lidiar con un tipo de personas ingratas y estúpidas pero, que al fin y al cabo, me daban de comer.
Pensar que entre la maleza iba a florecer la flor del azafrán era utópico e imprevisible para mí, pero un día estaba allí, en esa sala de espera, también rancia, con los sillones más incómodos y menos ergonómicos que nunca yo viese. ¡Era una chica joven! Esbelta, guapa, linda...no sé...tenía una carita preciosa, de esas finitas y sin marca alguna. Quizá practicaba un tratamiento facial más efectivo que el de Ramoncín, o quizá, y más probablemente, es que era una de esas personas afortunadas y dotadas de una belleza natural propia, ¡justo como me gustan a mi!
Mi compañero de curro solía disputarme la mala suerte en los pacientes. A ver a quién le tocaba uno u otro...Sin embargo, en esta ocasión, se trataba de buena suerte. Cerré los ojos antes de mirar mi lista, apreté muy fuerte lo que fuese que apretase y entonces los abrí, y lo vislumbré. El nombre de esa desconocida figuraba en mi lista.
Pensar que entre la maleza iba a florecer la flor del azafrán era utópico e imprevisible para mí, pero un día estaba allí, en esa sala de espera, también rancia, con los sillones más incómodos y menos ergonómicos que nunca yo viese. ¡Era una chica joven! Esbelta, guapa, linda...no sé...tenía una carita preciosa, de esas finitas y sin marca alguna. Quizá practicaba un tratamiento facial más efectivo que el de Ramoncín, o quizá, y más probablemente, es que era una de esas personas afortunadas y dotadas de una belleza natural propia, ¡justo como me gustan a mi!
Mi compañero de curro solía disputarme la mala suerte en los pacientes. A ver a quién le tocaba uno u otro...Sin embargo, en esta ocasión, se trataba de buena suerte. Cerré los ojos antes de mirar mi lista, apreté muy fuerte lo que fuese que apretase y entonces los abrí, y lo vislumbré. El nombre de esa desconocida figuraba en mi lista.
martes, 9 de junio de 2015
El sexo y la fisioterapia (V) -> Las zonas erógenas
Si hemos superado, tanto paciente como fisioterapeuta, la peligrosa fase del rechazo, estaremos, quizá, ante un momento ambiguo en el que, si la intención no es rehuir de los impulsos que podemos sentir más allá de lo meramente profesional y/o curativo, tendremos ganado lo que ya queríamos (o sospechábamos). Pero no por ello queda ahora lo más fácil, todo lo contrario, ahora nos enfrentaremos a la difícil decisión de dar ese primer y único paso.
miércoles, 27 de mayo de 2015
El sexo la fisioterapia (IV) -> El rechazo
Como dijo aquella miss: del mismo modo pero en el sentido contrario, encontramos en la peculiar relación del fisioterapeuta con el paciente la posibilidad del rechazo, es decir, la no aceptación no sólo del tratamiento, sino, yendo más allá, del propio contacto físico.Decíamos que para un fisioterapeuta puede ser súmamente sencillo traspasar la barrera de contacto, habitualmente, después de esto sucede una reacción de aceptación que conduce a una facilitación del tratamiento y a una relajación de la psique de nuestro paciente que puede llevarle a límites inusuales como contarnos su vida íntima, expresar sus inquietudes o incluso curarse. Pero puede darse la circunstancia, más extraña, de que estos mecanismos fallen y se prouzca una reacción adversa por su parte. Incluso puede darse a posteriori, algo todavía más raro, puesto que con el avance de las sesiones, la confianza con el terapeuta aumenta casi exponencialmente. El problema viene cuando nos referimos a esa relación sexual no escrita pero plausible de la que venimos hablando, en ese caso pueden generarse situaciones muy violentas.
lunes, 11 de mayo de 2015
El sexo y la fisioterapia (III) -> La aceptación
Una vez superada la gran barrera del contacto y comenzada a estimularse la sensibilidad llega ese momento de aceptación del tratamiento, un paso clave en la relación fisioterapeuta-paciente y sobretodo, un paso imprescindible si la relación, por lo que sea, va a convertirse aún en algo más profundo (jo, jo, jo).
Imaginamos ahora el supuesto: un paciente, un fisioterapeuta, valgan para ambos cualquier sexo y condición sexual (compatibles entre ambos, eso sí), una camilla, un lugar aparentemente tranquilo, una situación relajada, contacto manual...y el tiempo. El tiempo es lo que determina las siguientes reacciónes químicas. Según algunos estudios muy estudiosos, de esos que no citan fuentes, sólamente hacen falta 7 minutos para enamorarse, aunque en este que hemos enlazado hemos hecho trampa, pues habla sólo de 8,2 segundos en el caso de los hombres. Siendo como es, este dato, nos favorece. Porque...¿quién ha hablado de amor aquí? Se extá hablando de sexo.
Y es que, seamos francos...Una cosa es enamorarse y otra, muy distinta, sentir ese irrefrenable impulso de acostarse con alguien y dejarle seco. Para el sexo no hace falta mucho más que uno o 2 segundos a lo sumo. Ese par de segundos sólo es necesario para saber si la persona que está en frente está lo suficientemente buena como para provocar ese desequilibrio inequívoco. En una situación en la que, sobre una camilla, o con sus manos sobre nuestra cintura, o con su palma sobre nuestro músculo aductor, sus dedos sobre nuestro cuello o su cercanía sobre nuestra espalda desnuda, estamos poniendo toda nuestra confianza en una persona, perfecto desconocido por principio; es imposible que no se nos pase por la cabeza la tan humana idea del sexo. Sentirnos atraidos por ese calor curativo (si eres paciente) o por esa necesidad de liberación (si eres fisio) puede (y debe) convertirse en lo más normal del mundo.
Además de esta predisposición coyuntural, espacial, temporal y cuasi-profesional existen otros agravantes que invitan a que esta sensación pueda multiplicarse. Se da por hecho que el masaje produce una liberación de endorfinas, si bien no hay alta evidencia científica sobre este asunto, estas sustancias autoliberadas por nuestro organismo aumentan esa sensación agradable y nos reconfortan. Además existen unos puntos o regiones de nuestra piel y nuestro cuerpo que reciben el nombre de zonas erógenas, zonas cuya estimulación sensitiva puede producir directamente una estimulación sexual; y no son pocos precisamente, aunque esto varía según personaas. Y por último existe el mayor de todos los poderes, el de la mente humana, su potencia intuitiva, imaginativa y evocadora puede activar los potenciales de acción adecuados para que se desencadene el deseo. Líbido alta y predisposición a ello (apertura de mente, necesidad fisiológica, tiempo desde la última vez, reiteración, etc) serían los últimos factores estimulantes.
De modo, que si la sesión no es muy dolorosa, e incluso llegando a placentera, todo aquello tan necesario para una relación sexual fructífera: ruptura de la barrera del contacto, sensación de bienestar, atracción y prolegómenos, han sido coser y cantar, poco más de dos o tres sesiones y estamos merced de sus manos (pacientes) o deseando que llegue esa sesión con ese paciente (fisios) que alargamos más de la cuenta sin necesidad ninguna. El rechazo también es una posibilidad, violenta y desagradable. De ello hablaremos en las siguientes entradas y también de lo que hemos mencionado en el párrafo anterior. Se acerca el momento de la verdad...
Imaginamos ahora el supuesto: un paciente, un fisioterapeuta, valgan para ambos cualquier sexo y condición sexual (compatibles entre ambos, eso sí), una camilla, un lugar aparentemente tranquilo, una situación relajada, contacto manual...y el tiempo. El tiempo es lo que determina las siguientes reacciónes químicas. Según algunos estudios muy estudiosos, de esos que no citan fuentes, sólamente hacen falta 7 minutos para enamorarse, aunque en este que hemos enlazado hemos hecho trampa, pues habla sólo de 8,2 segundos en el caso de los hombres. Siendo como es, este dato, nos favorece. Porque...¿quién ha hablado de amor aquí? Se extá hablando de sexo.
Y es que, seamos francos...Una cosa es enamorarse y otra, muy distinta, sentir ese irrefrenable impulso de acostarse con alguien y dejarle seco. Para el sexo no hace falta mucho más que uno o 2 segundos a lo sumo. Ese par de segundos sólo es necesario para saber si la persona que está en frente está lo suficientemente buena como para provocar ese desequilibrio inequívoco. En una situación en la que, sobre una camilla, o con sus manos sobre nuestra cintura, o con su palma sobre nuestro músculo aductor, sus dedos sobre nuestro cuello o su cercanía sobre nuestra espalda desnuda, estamos poniendo toda nuestra confianza en una persona, perfecto desconocido por principio; es imposible que no se nos pase por la cabeza la tan humana idea del sexo. Sentirnos atraidos por ese calor curativo (si eres paciente) o por esa necesidad de liberación (si eres fisio) puede (y debe) convertirse en lo más normal del mundo.
Además de esta predisposición coyuntural, espacial, temporal y cuasi-profesional existen otros agravantes que invitan a que esta sensación pueda multiplicarse. Se da por hecho que el masaje produce una liberación de endorfinas, si bien no hay alta evidencia científica sobre este asunto, estas sustancias autoliberadas por nuestro organismo aumentan esa sensación agradable y nos reconfortan. Además existen unos puntos o regiones de nuestra piel y nuestro cuerpo que reciben el nombre de zonas erógenas, zonas cuya estimulación sensitiva puede producir directamente una estimulación sexual; y no son pocos precisamente, aunque esto varía según personaas. Y por último existe el mayor de todos los poderes, el de la mente humana, su potencia intuitiva, imaginativa y evocadora puede activar los potenciales de acción adecuados para que se desencadene el deseo. Líbido alta y predisposición a ello (apertura de mente, necesidad fisiológica, tiempo desde la última vez, reiteración, etc) serían los últimos factores estimulantes.
De modo, que si la sesión no es muy dolorosa, e incluso llegando a placentera, todo aquello tan necesario para una relación sexual fructífera: ruptura de la barrera del contacto, sensación de bienestar, atracción y prolegómenos, han sido coser y cantar, poco más de dos o tres sesiones y estamos merced de sus manos (pacientes) o deseando que llegue esa sesión con ese paciente (fisios) que alargamos más de la cuenta sin necesidad ninguna. El rechazo también es una posibilidad, violenta y desagradable. De ello hablaremos en las siguientes entradas y también de lo que hemos mencionado en el párrafo anterior. Se acerca el momento de la verdad...
jueves, 30 de abril de 2015
El sexo y la fisioterapia (II) -> La sensibilidad
Decíamos en la anterior publicación que existe una relación innegable entre fisioterapia y sexo, por el mero hecho de estar vivos y de pertenecer a la raza humana: un extraño bicho animal que tiene algo de inteligencia. Contra natura parece estar el que niegue que cualquie relación que implique un contacto físico directo deberá pasar por el innegable tamiz de la atracción personal. Que exista o no atracción entre dos personas se debe a múltiples factores que, por conveniencia social, tardamos en poner en funcionamiento (aunque cada vez menos). Pero traspasar la barrera de lo físico tan pronto, como sucede en el oficio de la fisioterapia, puede acelerar cualquier proceso biológico latente, para bien o para mal. Y todo se debe a un factor clave, la exploración de la sensibilidad.
La sensibilidad, en el aspecto más orgánico, viene dada a través de muchos receptores nerviosos que tenemos en la piel y en el interior de nuestro cuerpo. Estos sensores se estimulan ante variaciones externas o internas producidas por diversos factores y están muy especializados. Esto quiere decir que tenemos receptores exclusivamente para la temperatura, la presión, las sensaciones punzantes, el dolor, el tacto superficial...¡Incluso los pelos forman parte de ese sistema de sensibilidad! Hay algunas teorías muy interesantes que apuntan sobre esto mismo. Existe un músculo erector casi para cada pelo de nuestro cuerpo. Estos músculos se activan en un mecanismo erector (ejem) ante distintas sensaciones, normalmente superficiales y sensitivas, pero también psicológicas o químicas, como el miedo o el enamoramiento (o el miedo al enamoramiento).
Cuando una persona es capaz, de una u otra manera, de activar tal cantidad de información en tan poco tiempo, como sucede cuando un fisioterapeuta trabaja con sus manos sobre nuestro cuerpo; la sacudida sensitiva es tan fuerte (e incluso puede que violenta) que nos podríamos sentir desnudos ante esa persona. Esta sensación interna, en la mayoría de los casos se traduce en una relajación a la larga, si bien en un primer momento el miedo a lo desconocido y la saturación de sensibilidad nos pueden llevar al rechazo. Pero los pacientes deben acomodar su sistema nervioso a nuestras manos y depositar en ellas su confianza, es parte dle mescanismo de curación. Esta entrega tan rápida y fluida de la confianza suele establecer vínculos poderosos entre el fisioterapeuta al paciente así como la ya mencionada ruptura de barreras. De pronto el sujeto lesionado se encuentra con una mano salvadora que, sin ojos, parece haberle visto hasta los rincones del alma.
Unas manos expertas pueden causar sensaciones muy placenteras. Al resto, ayuda la mente y esa otra cosa inexplicable que a veces sucede.
La sensibilidad, en el aspecto más orgánico, viene dada a través de muchos receptores nerviosos que tenemos en la piel y en el interior de nuestro cuerpo. Estos sensores se estimulan ante variaciones externas o internas producidas por diversos factores y están muy especializados. Esto quiere decir que tenemos receptores exclusivamente para la temperatura, la presión, las sensaciones punzantes, el dolor, el tacto superficial...¡Incluso los pelos forman parte de ese sistema de sensibilidad! Hay algunas teorías muy interesantes que apuntan sobre esto mismo. Existe un músculo erector casi para cada pelo de nuestro cuerpo. Estos músculos se activan en un mecanismo erector (ejem) ante distintas sensaciones, normalmente superficiales y sensitivas, pero también psicológicas o químicas, como el miedo o el enamoramiento (o el miedo al enamoramiento).
Cuando una persona es capaz, de una u otra manera, de activar tal cantidad de información en tan poco tiempo, como sucede cuando un fisioterapeuta trabaja con sus manos sobre nuestro cuerpo; la sacudida sensitiva es tan fuerte (e incluso puede que violenta) que nos podríamos sentir desnudos ante esa persona. Esta sensación interna, en la mayoría de los casos se traduce en una relajación a la larga, si bien en un primer momento el miedo a lo desconocido y la saturación de sensibilidad nos pueden llevar al rechazo. Pero los pacientes deben acomodar su sistema nervioso a nuestras manos y depositar en ellas su confianza, es parte dle mescanismo de curación. Esta entrega tan rápida y fluida de la confianza suele establecer vínculos poderosos entre el fisioterapeuta al paciente así como la ya mencionada ruptura de barreras. De pronto el sujeto lesionado se encuentra con una mano salvadora que, sin ojos, parece haberle visto hasta los rincones del alma.
Unas manos expertas pueden causar sensaciones muy placenteras. Al resto, ayuda la mente y esa otra cosa inexplicable que a veces sucede.
jueves, 23 de abril de 2015
El sexo y la fisioterapia (I) -> Ahora sí
Ahora sí, tras nuestro provocador primer post en el que mucho prometíamos y poco dábamos, vamos a empezar a encarar este tema con absoluta franqueza, transparencia y sinceridad posible. Sinceridad con nosotros mismos y sinceridad con nuestro entorno. Y es que al fin y al cabo seguimos siendo seres humanos, esto es, animales también, y eso implica un gusto implícito por lo carnal en la mayoría de los casos. Y tiene la profesión del fisioterapeuta algo más carnal que la propia profesión del carnicero, del sexólogo o de casi cualquier profesión que exista.
Tiene una peculiaridad esta profesión que la sitúa por encima del resto en cuanto a las relaciones humanas se refieren, la barrera del contacto manual se rompe de manera inmediata y casi sin preámbulos, muchas veces en la primera cita. El paciente acude al fisioterapeuta desesperado para solucionar un problema de salud, un dolor, una limitación funcional...y cuando quiere darse cuenta se encuentra frente a una persona que media hora antes no conocía, en la que tiene que confiar plenamente y que encima...¡le está tocando! Según los expertos la ruptura de esta barrera del contacto físico trae de la mano varias sensaciones que influyen sobretodo en la percepción que tiene la otra persona de nosotros. Contacto físico y lenguaje corporal sirven para demostrar el interés sin palabras, para la atracción, la dominancia sutil, generar una complicidad y abrir la puerta al terreno sexual.
Sin embargo a los fisioterapeutas no se nos alerta de esto. Somos profesionales y trabajamos desde la profesionalidad, pero negar la condición humana es...¡inhumano!, valga la redundancia. Podemos derretir emocionalmente a una persona con las manos y obtener mejores resultados que con la mejor de las técnicas aplicadas y sin embargo no usamos esto a nuestro favor en la mayoría de los casos, pues siendo una profesión que consigue mayores sinceridades en el alma que la propia de psicólogos, dejamos que estas escapen sin entender su buena poesía. El éxito del buen fisioterapeuta, para nosotros, se basa en analizar y comprender bien lo que supone derribar esta barrera. Saber manejarse a la perfección con ella es muy interesante, puesto que abre también otros caminos inexplorados antes en los que a veces no hay vuelta atrás.
Y es aquí donde brota uno de esos caminos, el de la sexualidad y el sexo en la fisioterapia. El contacto de la piel con la piel es tan primitivo como el ser humano y tan necesario como la propia alimentación.Por suerte, aquí comienza nuestra profesión.
Tiene una peculiaridad esta profesión que la sitúa por encima del resto en cuanto a las relaciones humanas se refieren, la barrera del contacto manual se rompe de manera inmediata y casi sin preámbulos, muchas veces en la primera cita. El paciente acude al fisioterapeuta desesperado para solucionar un problema de salud, un dolor, una limitación funcional...y cuando quiere darse cuenta se encuentra frente a una persona que media hora antes no conocía, en la que tiene que confiar plenamente y que encima...¡le está tocando! Según los expertos la ruptura de esta barrera del contacto físico trae de la mano varias sensaciones que influyen sobretodo en la percepción que tiene la otra persona de nosotros. Contacto físico y lenguaje corporal sirven para demostrar el interés sin palabras, para la atracción, la dominancia sutil, generar una complicidad y abrir la puerta al terreno sexual.
Sin embargo a los fisioterapeutas no se nos alerta de esto. Somos profesionales y trabajamos desde la profesionalidad, pero negar la condición humana es...¡inhumano!, valga la redundancia. Podemos derretir emocionalmente a una persona con las manos y obtener mejores resultados que con la mejor de las técnicas aplicadas y sin embargo no usamos esto a nuestro favor en la mayoría de los casos, pues siendo una profesión que consigue mayores sinceridades en el alma que la propia de psicólogos, dejamos que estas escapen sin entender su buena poesía. El éxito del buen fisioterapeuta, para nosotros, se basa en analizar y comprender bien lo que supone derribar esta barrera. Saber manejarse a la perfección con ella es muy interesante, puesto que abre también otros caminos inexplorados antes en los que a veces no hay vuelta atrás.
Y es aquí donde brota uno de esos caminos, el de la sexualidad y el sexo en la fisioterapia. El contacto de la piel con la piel es tan primitivo como el ser humano y tan necesario como la propia alimentación.Por suerte, aquí comienza nuestra profesión.
lunes, 20 de abril de 2015
Fisioterapia: Nada demostrado
Quizá el título sea demasiado tajante, pero la rotundidad a veces es necesaria, sobretodo cuando se trata de algo tan desilusionante. Una de las primeras cosas que debe (o debería) saber todo aquel que quiere estudiar fisioterapia, que se ha graduado ya, o casi cualquier paciente que, esperanzado, acude en busca de una solución para sus dolencias, es que en fisioterapia, está todo por demostrar. Y lo que es peor todavía, a penas hay explicaciones verdaderamente demostradas sobre el cómo suceden las cosas. Esto no lo digo yo, lo dice por ejemplo la Unidad de Investigación de la universidad de Zaragoza. ''La fisioterapia como ciencia está sufriendo una evolución poco
equilibrada. Es decir, su evolución de conocimiento empírico es enorme,
pero su comprobación científica es mucho menor. En España, la tendencia
actual es de escisión metodológica, pero sin comprobación científica.'' Así que si creías que la fisioterapia era más científica que la propia ciencia en sí, te acabas de llevar la primera en la frente.
Explicándolo un poco más claro: que la mayoría de los tratamientos o técnicas de fisioterapia no estén demostrados no significa que no funcionen. Si durante la carrera tuviste un profesor/a honesto/a te habrá contado esta realidad y si eres un paciente te estarás enterando ahora. Lo que funciona, funciona, se sepa o no se sepa porqué, o cómo funciona. Un ejemplo simple sucede con la masoterapia (o masaje, para el vulgo), es una técnica de beneficios infinitos y sensitivamente muy apreciables: el masaje es relajante, mejora la circulación, estimula los propioceptores, libera endorfinas, relaja la musculatura, etc. Sin embargo, aunque parezca tan evidente, NO HAY PRACTICAMENTE NADA DEMOSTRADO. De modo que si algún fisio te dice que el masaje hace todo eso...o lo está dando por hecho, o no tiene ni idea, o se introduce en la gran bola social del conformismo. Si además hacemos caso de lo que dicen en la Universidad de Zaragoza....¡Estamos perdidos!
Y como borregos repetiremos todas y cada una de las premisas con las que el extraño dios de la fisioterapia nos ha dotado. En los campos más importantes esta ciencia no avanza, por falta de recursos o interés, pero más bien, por la comodidad del propio fisio de no cuestionarse las cosas y comportarse como el rey de los protocolos encorsetados. El problema surge cuando algún paciente listillo o sabelotodo quiere saber para qué y como actúa un ultrasonido, porqué tiene que hacer ese ejercicio que le has mandado o cuantos milisegundos tiene que mantener el estiramiento del músculo ancóneo. Entonces el fisio, en la mayoría de las ocasiones, no sabrá bien que contestarle, o recurrirá a una respuesta vacía y poco fiable con mucho vocabulario técnico, con la que su paciente quedará satisfecho y no podrá responder. En este asunto, lo más de lo más son los aparatos de electroterapia, esa especie de vacío existencial para el común de los fisioterapeutas y tan ''efectivos'' para los pacientes, que creen curarse a través del mágico poder de la electricidad. ¡Y a veces se curan!
Y así seguimos.
Y así seguiremos.
Explicándolo un poco más claro: que la mayoría de los tratamientos o técnicas de fisioterapia no estén demostrados no significa que no funcionen. Si durante la carrera tuviste un profesor/a honesto/a te habrá contado esta realidad y si eres un paciente te estarás enterando ahora. Lo que funciona, funciona, se sepa o no se sepa porqué, o cómo funciona. Un ejemplo simple sucede con la masoterapia (o masaje, para el vulgo), es una técnica de beneficios infinitos y sensitivamente muy apreciables: el masaje es relajante, mejora la circulación, estimula los propioceptores, libera endorfinas, relaja la musculatura, etc. Sin embargo, aunque parezca tan evidente, NO HAY PRACTICAMENTE NADA DEMOSTRADO. De modo que si algún fisio te dice que el masaje hace todo eso...o lo está dando por hecho, o no tiene ni idea, o se introduce en la gran bola social del conformismo. Si además hacemos caso de lo que dicen en la Universidad de Zaragoza....¡Estamos perdidos!
Y como borregos repetiremos todas y cada una de las premisas con las que el extraño dios de la fisioterapia nos ha dotado. En los campos más importantes esta ciencia no avanza, por falta de recursos o interés, pero más bien, por la comodidad del propio fisio de no cuestionarse las cosas y comportarse como el rey de los protocolos encorsetados. El problema surge cuando algún paciente listillo o sabelotodo quiere saber para qué y como actúa un ultrasonido, porqué tiene que hacer ese ejercicio que le has mandado o cuantos milisegundos tiene que mantener el estiramiento del músculo ancóneo. Entonces el fisio, en la mayoría de las ocasiones, no sabrá bien que contestarle, o recurrirá a una respuesta vacía y poco fiable con mucho vocabulario técnico, con la que su paciente quedará satisfecho y no podrá responder. En este asunto, lo más de lo más son los aparatos de electroterapia, esa especie de vacío existencial para el común de los fisioterapeutas y tan ''efectivos'' para los pacientes, que creen curarse a través del mágico poder de la electricidad. ¡Y a veces se curan!
Y así seguimos.
Y así seguiremos.
jueves, 16 de abril de 2015
El sexo y la fisioterapia (I)
¿Existe el sexo en fisioterapia? ¿Existe la posibilidad, quizá remota, de que eso mismo que estás pensando de tu fisioterapeuta ...ella y tú...tú y él...sea cierto? ¿Y si....quizá...yo...intentara?
¡DETENTE!
Por supuesto no teníamos una maliciosa, ambiciosa y mejor idea que empezar este blog hablando de otra cosa que no fuera sexo. O, ¿qué esperabais? ¿Que hablásemos de lo de siempre? De la típica información técnica, insulsa y aburrida de la que hablan la gran mayoría de blogs. ¡No! Para eso ya están todos esos blogs ya existentes, formidables o no (en la mayoría de los casos), con los que podéis resolver vuestras dudas principales sobre lo que es un esguince grado III, una tendinitis del supraespinoso o sobre como realizar el estiramiento específico del músculo delgado plantar. ¡Este blog promete ser mucho más interesante! ¡Este blog hablará sobre todo aquello que siempre quisiste saber sobre la profesión y nunca te atreviste a preguntar. ¡Temas espinosos, escabrosos, faranduleros e interesantísimos! ¡Queridos colegas fisioterapeutas! ¡Queridos pacientes! ¡Sed todos bienvenidos!
Y ahora que os habéis puesto cómodos y que el interesante y prometedor título del artículo os tiene aquí leyendo en vilo como posesos, sólo podemos hacer una cosa: dejaros con la miel en los labios... No. No nos odiéis todavía. No os hemos mentido. Pensamos hablar de sexo, entre otras muchas cosas. Pensamos explayarnos en lo profundo y lo complejo e interesante de la extraña relación fisioterapeuta-paciente, que ningún sabio ha conseguido nunca explicar. Y también pensamos hablar de otras muchas cosas que nunca os dejarán indiferentes. ¡Prometido! ¡Prometido!
Si eres fisioterapeuta y siempre has querido comentar algunas cosas de tu profesión pero nunca te has atrevido, ¡este es tu blog! Si eres paciente y siempre has querido conocer un poco algunos pormenores de la profesión, ¡este es tu blog! Si eres un persona curiosa, desenfadada y que además, acudes de vez en cuando a tu fisioterapeuta porque te cuida mucho y porque te gusta experimentar la bonanza terapéutica de sus placenteras manos, entonces...¡ESTE ES TU BLOG!
Esto es sólo una declaración de intenciones. Pronto habrá mucho más. ¡Bienvenid@s a ''La Otra Fisioterapia''!
¡DETENTE!
Por supuesto no teníamos una maliciosa, ambiciosa y mejor idea que empezar este blog hablando de otra cosa que no fuera sexo. O, ¿qué esperabais? ¿Que hablásemos de lo de siempre? De la típica información técnica, insulsa y aburrida de la que hablan la gran mayoría de blogs. ¡No! Para eso ya están todos esos blogs ya existentes, formidables o no (en la mayoría de los casos), con los que podéis resolver vuestras dudas principales sobre lo que es un esguince grado III, una tendinitis del supraespinoso o sobre como realizar el estiramiento específico del músculo delgado plantar. ¡Este blog promete ser mucho más interesante! ¡Este blog hablará sobre todo aquello que siempre quisiste saber sobre la profesión y nunca te atreviste a preguntar. ¡Temas espinosos, escabrosos, faranduleros e interesantísimos! ¡Queridos colegas fisioterapeutas! ¡Queridos pacientes! ¡Sed todos bienvenidos!
Y ahora que os habéis puesto cómodos y que el interesante y prometedor título del artículo os tiene aquí leyendo en vilo como posesos, sólo podemos hacer una cosa: dejaros con la miel en los labios... No. No nos odiéis todavía. No os hemos mentido. Pensamos hablar de sexo, entre otras muchas cosas. Pensamos explayarnos en lo profundo y lo complejo e interesante de la extraña relación fisioterapeuta-paciente, que ningún sabio ha conseguido nunca explicar. Y también pensamos hablar de otras muchas cosas que nunca os dejarán indiferentes. ¡Prometido! ¡Prometido!
Si eres fisioterapeuta y siempre has querido comentar algunas cosas de tu profesión pero nunca te has atrevido, ¡este es tu blog! Si eres paciente y siempre has querido conocer un poco algunos pormenores de la profesión, ¡este es tu blog! Si eres un persona curiosa, desenfadada y que además, acudes de vez en cuando a tu fisioterapeuta porque te cuida mucho y porque te gusta experimentar la bonanza terapéutica de sus placenteras manos, entonces...¡ESTE ES TU BLOG!
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