La soberbia (del latín superbia) es el sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Significa altivez, arrogancia, creerse más que nadie, superioridad virtual, vanidad...Su antónimo es la humildad, bien tan necesario como escaso. Cuando esta altanería se fusiona con lo profesional, el resultado es una vomitiva mezcla de situación de privilegio escatológica, perfumada con dotes de sobradurismo, endiosamiento y melosapiencia que provocan el hastío del externo observador. Cuando se fusiona con lo sanitario, se entremezcla a su vez una especie de barrera de respeto y admiración que hace que pasemos por alto este pecado capital.
En pocas palabras: la soberbia es una poca mierda que abunda entre los profesionales del sector sanitario, transformándoles en entidades estúpidas que se dirigen a sus pacientes de manera estúpida con una altivez que más valiera que se metieran en el hojaldre. Más que nada, porque para lograr ser un buen profesional, la soberbia SOBRA. Y para atender pacientes, mucho más.
Y ahora la soberbia ha venido para quedarse en la fisioterapia. Se ve que hemos sido torpes y la hemos dejado entrar sin si quiera combatirla, sin fijarnos en nuestros absurdos antepasados médicos, perfumados de arrogancia en una buena mayoría, antes de salir de casa, camino de su hospital o consulta.
