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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sin criterio almohadillil

La palabra almohada proviene del árabe andalusí al-muhádda y esta a su vez deriva del árabe clásico مخدة mujadda. Su historia viene casi pareja a la de la humanidad, pues se han encontrado almohadas en tumbas egipcias, ornamentados cojines en la China feudal, rulos de cabra insufribles en la edad media y así un largo etcétera. En un principio asociada al prestigio social, pues eran las clases pudientes las que disponían de este elemento acomodaticio en detrimento de las balas de paja o piedras almohadiformes que utilizaba el vulgo para descansar, fueron finalmente accesibles para la inmensa mayoría de la población a raíz de la revolución industrial. Desde entonces, la tecnología del diseño ha hecho "progresar" a este elemento del descanso hasta alcanzar metas, formas y materiales insospechados, pues incluso la NASA se ha interesado en ello y ha puesto toda la carne en el asador para crear las primeras almohadas inteligentes, con memoria selectiva cual HAL 9000 y precio también selectivo cual atraco de banda armada. Y todo esto venía siendo así: este mullido dispositivo disfrutaba de un enorme éxito sin que nadie se lo cuestionase, del mismo modo que la propia fisioterapia, hasta que ambos conceptos tuvieron a bien juntarse. Entonces, todo se jodió.





jueves, 11 de junio de 2015

Dolores de mierda

En los años 90 del pasado siglo, no hace tanto, hablarle a alguien de fisioterapia era como preguntarle la hora en japonés. A pesar de que la profesión existía, sólo aquellos osados enfermeros que se hicieron fisios y los diplomados de primera generación sabían de lo que hablaban. Ni si quiera los familiares de estos últimos comprendían muy bien de que iba aquello. Pasados 20 años, la realidad es que casi todo el mundo sabe lo que es un fisio, aunque no sepa muy bien para qué sirven del todo, ni se les tenga valorados como nos gustaría. La fisioterapia ha venido para quedarse, con todas sus virtudes y defectos. Como de las virtudes hablan el 99% de los blogs, nosotros hablaremos de algunos de sus defectos, que nos pone más. En esta ocasión, hablaremos de la asfixiante proliferación de los misteriosos dolores inexplicables.

jueves, 30 de abril de 2015

El sexo y la fisioterapia (II) -> La sensibilidad

Decíamos en la anterior publicación que existe una relación innegable entre fisioterapia y sexo, por el mero hecho de estar vivos y de pertenecer a la raza humana: un extraño bicho animal que tiene algo de inteligencia. Contra natura parece estar el que niegue que cualquie relación que implique un contacto físico directo deberá pasar por el innegable tamiz de la atracción personal. Que exista o no atracción entre dos personas se debe a múltiples factores que, por conveniencia social, tardamos en poner en funcionamiento (aunque cada vez menos). Pero traspasar la barrera de lo físico tan pronto, como sucede en el oficio de la fisioterapia, puede acelerar cualquier proceso biológico latente, para bien o para mal. Y todo se debe a un factor clave, la exploración de la sensibilidad.






La sensibilidad, en el aspecto más orgánico, viene dada a través de muchos receptores nerviosos que tenemos en la piel y en el interior de nuestro cuerpo. Estos sensores se estimulan ante variaciones externas o internas producidas por diversos factores y están muy especializados. Esto quiere decir que tenemos receptores exclusivamente para la temperatura, la presión, las sensaciones punzantes, el dolor, el tacto superficial...¡Incluso los pelos forman parte de ese sistema de sensibilidad! Hay algunas teorías muy interesantes que apuntan sobre esto mismo. Existe un músculo erector casi para cada pelo de nuestro cuerpo. Estos músculos se activan en un mecanismo erector (ejem) ante distintas sensaciones, normalmente superficiales y sensitivas, pero también psicológicas o químicas, como el miedo o el enamoramiento (o el miedo al enamoramiento).





 Cuando una persona es capaz, de una u otra manera, de activar tal cantidad de información en tan poco tiempo, como sucede cuando un fisioterapeuta trabaja con sus manos sobre nuestro cuerpo; la sacudida sensitiva es tan fuerte (e incluso puede que violenta) que nos podríamos sentir desnudos ante esa persona. Esta sensación interna, en la mayoría de los casos se traduce en una relajación a la larga, si bien en un primer momento el miedo a lo desconocido y la saturación de sensibilidad nos pueden llevar al rechazo. Pero los pacientes deben acomodar su sistema nervioso a nuestras manos y depositar en ellas su confianza, es parte dle mescanismo de curación. Esta entrega tan rápida y fluida de la confianza suele establecer vínculos poderosos entre el fisioterapeuta al paciente así como la ya mencionada ruptura de barreras. De pronto el sujeto lesionado se encuentra con una mano salvadora que, sin ojos, parece haberle visto hasta los rincones del alma.



Unas manos expertas pueden causar sensaciones muy placenteras. Al resto, ayuda la mente y esa otra cosa inexplicable que a veces sucede.