Desde los albores de la fisioterapia, el hombre y la mujer fisioterapista quisieron ya expandir sus conocimientos mediante la invención de constante aparatología que les ayudara en sus fines curativos. Fueron muchos los osados que, patentes o no mediante, intentaron dejar su sello para la posteridad, diseñando toda suerte de mecanismos, engranajes y magias robóticas, con el fin de ahorrar/prolongar/incrementar el sufrimiento de sus pacientes en las terapias. Tales visionarios nunca sospecharon que dejarían una profunda impronta en el devenir de la profesión, con herramientas de tal uso y con tan poco cuestionamiento entre sus iguales, que tardarían años en ser retiradas del mercado si es que, algún día llegaran a hacerlo, pues hoy en día podemos aún verlas disputando su lugar, llamándole de tú a la inducción miofascial u otras hechicerías más complejas. Roche fue primero, Antonio di Whirlpool después...y hoy, gracias a que en La Otra Fisioterapia queremos mantenernos siempre al filo de la más ardiente evidencia científica y de la última tecnología, nos permitimos ofreceros este monográfico sobre esta leyenda de la mecanoterapia que vendrá a saciar vuestros apetitos más viejunos y que por fin veréis colmados gracias a la recuperación de esta sección. Sin más preámbulos, pasamos a presentaros a la protagonista del post de hoy....la célebre...la gran...
TRACCIÓN CERVICAL.
