Trabajé para ti. O para tu jefe. O tú eras tu jefe, quizá ya ni lo recuerdas. Trabajé sin que supieras quien era. Lo hice durante mucho tiempo, lo hice incómoda y sin saber dónde me metía. Sin que tu jefe lo supiera, de mí sólo te interesaba una cosa, o puede que un par más, pero esa cosa no era el trabajo, era yo. Porque era una mujer y tú, te creías el gallito más chulo del corral.
