Esta serie fascianante sobre el mundo de la fascia y sus anexos está compuesta por tres capítulos que deben ser leídos en el siguiente órden.
- Encuentros en la tercera fascia
- En un lugar de la fascia
- Son los padres
Son los padres
Resulta muy impopular hablar mal de la fascia, parece ser que todo el mundo lo acepta y las explicaciones (así como el esfuerzo) de sus investigadores hacen más y más creíble el asunto. Pero las técnicas de inducción miofascial son una mentira y de las gordas.
Siempre que me explicaban la fascia me venía a la mente una cosa muy graciosa. Yo, que he sido una friki de nacimiento, recordaba los episodios de Spiderman y el simbionte, una especie de ente alienígena con vida propia, que se adhería a la piel de Peter Parker formando un traje y prácticamente le manejaba a voluntad. Quitarse aquel simbionte fue, para el protagonista, una tarea complicada y sus consecuencias casi peores, puesto que después se adhirió a otra persona con más odio y la convirtió en Venom, una auténtica pesadilla para el héroe arácnido.Este símil me sirve para especular que quizá la inducción miofascial se esté convirtiendo en una pesadilla del mismo calibre, una especie de simbionte para la fisioterapia que chupa de ella y drena su energía, a base de pseudociencia de la buena. Además está presente en todos los tejidos...ejem.
¿Otro blog sobre fisioterapia? ¡¡¡Noooo!!! Un blog para fisioterapeutas y también para pacientes, donde encontrarás todo aquello que siempre quisiste saber y nunca te atreviste a preguntar.
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martes, 28 de noviembre de 2017
martes, 17 de octubre de 2017
La trilogía de la fascia: En un lugar de la fascia
- Encuentros en la tercera fascia
- En un lugar de la fascia
- Son los padres
En un lugar de la fascia
En un lugar de la fascia, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un síndrome de los de banda en astillero, punto gatillo, inducción sobre tejidos, fisio místico, bloqueo y disfunción...Una camilla de mucho más fieltro que escay, sudor las más noches, duelos y quebrantos los sábados, cursos en fines de semana y nuevamente bloqueos, consumían las tres cuartas de su hacienda. El resto della concluían pijama de faena, zuecos cómodos para las técnicas, con sus kinesios de lo mesmo, y los días de entre semana, como no tenía formación, se honraba sin uniforme de lo más fino. Tenía en su séquito buen número de seguidores, pues no faltaban voluntarios que le ensillasen el rocín, a pulso ganado con los mesmos engaños. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, lleno de carnes, rostro barbado, gran madrugador y amigo de la fascia. Quieren decir que tenía sobrenombre de fascial o fascianante, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba fascia. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él, no se salga un punto de verdad.
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- Son los padres
En un lugar de la fascia
En un lugar de la fascia, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un síndrome de los de banda en astillero, punto gatillo, inducción sobre tejidos, fisio místico, bloqueo y disfunción...Una camilla de mucho más fieltro que escay, sudor las más noches, duelos y quebrantos los sábados, cursos en fines de semana y nuevamente bloqueos, consumían las tres cuartas de su hacienda. El resto della concluían pijama de faena, zuecos cómodos para las técnicas, con sus kinesios de lo mesmo, y los días de entre semana, como no tenía formación, se honraba sin uniforme de lo más fino. Tenía en su séquito buen número de seguidores, pues no faltaban voluntarios que le ensillasen el rocín, a pulso ganado con los mesmos engaños. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, lleno de carnes, rostro barbado, gran madrugador y amigo de la fascia. Quieren decir que tenía sobrenombre de fascial o fascianante, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba fascia. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él, no se salga un punto de verdad.
lunes, 2 de octubre de 2017
La trilogía de la fascia: Encuentros en la tercera fascia
Esta serie fascianante sobre el mundo de la fascia y sus anexos está compuesta por tres capítulos que deben ser leídos en el siguiente órden.
- Encuentros en la tercera fascia
- En un lugar de la fascia
- Son los padres
Encuentros en la tercera fascia
Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve contacto directo con la fascia, o que, por lo menos, lo intenté. Estábamos en las prácticas de segundo curso, aquella rotación nos tocaba en un hospital de renombre. No es que hubiera mucha comunicación con la profesora que nos había tocado a mi compañera y a mi, pero era lo bastante buena como para salir del paso y obtener algo de nota de cara a la evaluación final. Como siempre, cuando nos cambiábamos en los vestuarios, comentábamos un poco la jugada del día, criticábamos más o menos con fortuna a los profesores y poco más. Nadie parecía destacar por nada, eran días un poco monótonos. Pero una mañana, cuando enfilábamos el pasillo rumbo al gimnasio, sentimos una especie de energía invisible que nos atrajo hacia la sala de...¡electroterapia! Sí sí. Los compañeros que les tocaba siempre esa rotación, solían morir del aburrimiento ante profesores que, a penas explicaban nada de la aparatología, pues de ella nada sabían. Se dedicaban a enchufar los engendros eléctricos porque sí, porque lo había dicho el médico. Doy gracias de que jamás en toda la carrera me tocara una rotación de este tipo. Sin embargo, la fisioterapeuta que estaba encerrada allí en ese sala, una tal Alicia (por ejemplo), había hecho de aquel lugar un sitio especial.
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- En un lugar de la fascia
- Son los padres
Encuentros en la tercera fascia
Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve contacto directo con la fascia, o que, por lo menos, lo intenté. Estábamos en las prácticas de segundo curso, aquella rotación nos tocaba en un hospital de renombre. No es que hubiera mucha comunicación con la profesora que nos había tocado a mi compañera y a mi, pero era lo bastante buena como para salir del paso y obtener algo de nota de cara a la evaluación final. Como siempre, cuando nos cambiábamos en los vestuarios, comentábamos un poco la jugada del día, criticábamos más o menos con fortuna a los profesores y poco más. Nadie parecía destacar por nada, eran días un poco monótonos. Pero una mañana, cuando enfilábamos el pasillo rumbo al gimnasio, sentimos una especie de energía invisible que nos atrajo hacia la sala de...¡electroterapia! Sí sí. Los compañeros que les tocaba siempre esa rotación, solían morir del aburrimiento ante profesores que, a penas explicaban nada de la aparatología, pues de ella nada sabían. Se dedicaban a enchufar los engendros eléctricos porque sí, porque lo había dicho el médico. Doy gracias de que jamás en toda la carrera me tocara una rotación de este tipo. Sin embargo, la fisioterapeuta que estaba encerrada allí en ese sala, una tal Alicia (por ejemplo), había hecho de aquel lugar un sitio especial.
jueves, 8 de junio de 2017
El teorema de los 3 niveles de formación en los cursos de posgrado
Seguro que muchos de vosotros/as habéis realizado algún curso de posgrado específico al terminar vuestra diplomatura/grado en fisioterapia. Podríamos ir más allá. Podríamos incluso asegurar que no hay fisio hoy en día que haya terminado su formación universitaria y no haya hecho algún posgrado. Si bien es cierto que la formación continuada es un bien muy interesante para estar en constante actualización profesional, también lo es el hecho de que en fisioterapia, existe una sobreoferta de cursos de formación, basada en un modelo de negocio que HASTA AHORA ha sido productivo gracias a la capacidad de los fisioterapeutas de no quejarse por pagar más por una basura formativa de varios fines de semana, que por toda la carrera. De hecho, la tendencia actual es la de dar más importancia a ese posgrado que al propio grado, la formación básica en fisioterapia queda relegada al ostracismo. Es como...de pobres, o algo así, decir que eres fisioterapeuta y nada más. Pero este es debate para otro lugar, hoy sólo nos toca la exposición de este teorema.
miércoles, 25 de enero de 2017
De la soberbia fisioterapéutica
La soberbia (del latín superbia) es el sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Significa altivez, arrogancia, creerse más que nadie, superioridad virtual, vanidad...Su antónimo es la humildad, bien tan necesario como escaso. Cuando esta altanería se fusiona con lo profesional, el resultado es una vomitiva mezcla de situación de privilegio escatológica, perfumada con dotes de sobradurismo, endiosamiento y melosapiencia que provocan el hastío del externo observador. Cuando se fusiona con lo sanitario, se entremezcla a su vez una especie de barrera de respeto y admiración que hace que pasemos por alto este pecado capital.
En pocas palabras: la soberbia es una poca mierda que abunda entre los profesionales del sector sanitario, transformándoles en entidades estúpidas que se dirigen a sus pacientes de manera estúpida con una altivez que más valiera que se metieran en el hojaldre. Más que nada, porque para lograr ser un buen profesional, la soberbia SOBRA. Y para atender pacientes, mucho más.
Y ahora la soberbia ha venido para quedarse en la fisioterapia. Se ve que hemos sido torpes y la hemos dejado entrar sin si quiera combatirla, sin fijarnos en nuestros absurdos antepasados médicos, perfumados de arrogancia en una buena mayoría, antes de salir de casa, camino de su hospital o consulta.
En pocas palabras: la soberbia es una poca mierda que abunda entre los profesionales del sector sanitario, transformándoles en entidades estúpidas que se dirigen a sus pacientes de manera estúpida con una altivez que más valiera que se metieran en el hojaldre. Más que nada, porque para lograr ser un buen profesional, la soberbia SOBRA. Y para atender pacientes, mucho más.
Y ahora la soberbia ha venido para quedarse en la fisioterapia. Se ve que hemos sido torpes y la hemos dejado entrar sin si quiera combatirla, sin fijarnos en nuestros absurdos antepasados médicos, perfumados de arrogancia en una buena mayoría, antes de salir de casa, camino de su hospital o consulta.
lunes, 23 de enero de 2017
Fisioterapia, fin de tu carrera profesional
Bien. Has terminado el grado, o la carrera en su día. Has hecho 356 posgrados después, todos ellos prueban tu valía y perseverancia en la actualización de conocimientos fisioterápicos. Recientemente has terminado tu segundo máster...¡que coño máster! ¡Ya eres doctora! Enhorabuena, alcanzaste el cenit oficial, si bien siempre puedes seguir mejorando y mejorando, inventarte una técnica que creas útil (la demuestres o no) y convertirte en una suerte de Margaret Knott aventajada. En tu trabajo has conseguido la ansiada estabilidad, ya no tienes que andar mendigando de clínica en clínica, a ver si alguna te ofrece algún tipo de dignidad salarial mejor. Has dado cursos de formación, tienes curriculum docente y muy decente.Has trabajado también para la sanidad pública, las pocas veces que se han acordado de ti, porque, por desgracia, tú no eres una de esas enchufadas. Y, por eso de que no todo el mundo puede, tú no te has decantado por montar tu clínica, dónde tu jefe eres tú y nadie más.
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