domingo, 18 de abril de 2021

Un paseo por el código deontológico de fisioterapia

Un código deontológico es un documento que incluye un conjunto más o menos amplio de criterios, apoyados en la deontología, con normas y valores que formulan y asumen quienes llevan a cabo correctamente una actividad profesional. Los códigos deontológicos se ocupan de los aspectos éticos del ejercicio de la profesión que regulan: en este caso la fisioterapia. Partiendo de la base de que la corrección absoluta no existe, los fisioterapeutas hemos decidido, como grupo profesional, darnos una serie de deberes basados en la moral y en la ética, o más bien sólo en la moral, para tratar de ejercer nuestra profesión del modo más pulcro posible en relación a las normas comunes sociales que nos hemos dado. O del modo que más se aproxime a esa irrealizable "perfección" ética, con todas las consideraciones que este término imposible requiere. Y por ello, para desconocimiento pasado, presente y futuro de muchos, que ni lo leyeron ni lo leerán, existe un pequeño mamotreto de normas deontológicas a seguir en el manual del buen fisioterapeutas, dejando así un campo entero sembrado de buenas intenciones, donde también crece la hipocresía, la mala intención y el donde dije digo, digo Diego.


lunes, 22 de febrero de 2021

Relatos de fisioterapia: El paripé

Todavía recuerdo mucho de mis prácticas como estudiante de fisioterapia. Antes de que todo se fuera a la mierda, aún guardaba mi pequeño resquicio de esperanza, que se veía reflejado en el buen hacer de algunos de mis tutores en las estancias clínicas que estábamos obligados a hacer para completar el número de horas suficientes de formación. Yo quería ser como ellos, como algunos de ellos, los que hacían un trabajo digno y levantaban pacientes cada día. No hablo de los otros, aquellos que iban simplemente a pasar el día entre pacientes, y aprovechaban que estuviéramos allí los alumnos para encalomarnos un trabajo para el que ni si quiera estábamos capacitados, con la excusa de que nos estaban enseñando cosas cuando no era cierto, pues lo único que querían era tomar el café correspondiente en cuanto tenían la mínima oportunidad de escaquearse. Debía ser muy larga la mañana para ellos...¡pero eso es ahora otra historia! Realmente, como digo, sólo me fijaba en los buenos. Como en aquella chica con la que descubrí que los fisioterapeutas, algunos, los elegidos, podíamos llegar a trabajar en la UCI de un hospital, en eso tan raro que llamaban fisioterapia respiratoria.


lunes, 1 de febrero de 2021

Con las manos en la saca

Vivimos en tiempos de pandemia desde hace un tiempo ya, casi un año, y la cosa promete alargarse. En estas circunstancias nos hemos acostumbrado a tener que practicar una fisioterapia extraña, anti propia de lo que nos ha sido enseñado a la mayoría, donde el contacto de lo humano hacía muchas veces el TODO que algunos no sabemos poner a nuestros propios tratamientos, y que nos solucionaba la papeleta. En esta paradójica nueva normalidad de vida, una de las cosas que más frecuentemente nos suceden, es que estamos sobreextasiados de escuchar noticias, habitualmente nefastas, sobre la Covid19 y todos sus pormenores. Parece que jamás fuésemos a terminar esta vorágine y que nunca vayamos a poder recuperar nuestra actividad, tal y como la desarrollábamos antes. Noticias todas ellas, que llaman a la puerta de nuestro innegable interés, pues es casi imposible no atenderlas y somos muchos los que hemos optado por intentar filtrar al máximo esta información, con el único objetivo de mantener calma y la cordura ante la ansiedad que estos días nos producen. Ese embotellamiento de realidad es significativamente perfecto para cubrir otro tipo de noticias, aquellas que pasan desapercibidas por el mucho ruido que hace el dichoso coronavirus. Y este tipo de noticias escondidas se producen en todos los ámbitos, también en la fisioterapia. Así que, en un giro de guion sin precedentes, cuando creíais que hablaríamos otra vez del Covid, esta página se dispone a hablar de una cosita que sucedió este verano y que ha pasado casi desapercibida. Nos referimos por supuesto a la condena al expresidente del Colegio de Fisioterapeutas de Castilla y León por meter la mano en la caja del Colegio y robar dinero de los colegiados.


viernes, 22 de enero de 2021

El síndrome de inventarse síndromes

En el largo debate entre ciencia y pseudociencia, donde la fisioterapia parece estar implicada cuando no debiera, son muchas las cosas que nos resultan sorprendentes. Nos basamos en leer y releer comentarios de la gente, escuchar ponencias o conocer opiniones de compañeros. A día de hoy, el germen científico no está nada arraigado, sigue sin estarlo y parece lejano conseguir que se afiance de algún modo. La gente es consciente de que la ciencia ha contribuido a mejorar el mundo pero no lo es tanto de que la creencia, como antagonismo de la ciencia, no ha hecho otra cosa que empeorarlo, o en el mejor de los casos enlentencerlo, entorpecerlo, dinamitarlo o remar contra corriente. La fisioterapia intenta avanzar con una pesada bola de acero atada en uno de sus tobillos, pero esa bola no es un ente material, sino humano, son muchos compañeros conformando una pesadísima cadena sobre el tobillo reo de la profesión. Llega a ser tan pesada esta carga, que sus argumentos hacen que el preso fisioterapéutico no pueda avanzar, se tropiece y se caiga constantemente. ¿Para qué perderemos el tiempo en esto? Si contra la creencia y la fe, no se puede hacer nada. Sólo así se explica, por ejemplo, que en pleno siglo XXI la gente siga creyendo todavía en la iglesia.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Relatos de fisioterapia: Fisioterapia salvaje

Capítulo 1

Estoy destrozado. Roto. Hundido. El otro día después de un infierno de discusión... me dejó. Me dejó mi novia tras seis años de relación. Esto es lo peor que me ha pasado en mi vida. Desde entonces no levanto cabeza, ando cabizbajo, sin querer hablar con nadie, proyectando sólo una sombra gris de lo que un día fui, un hombre feliz y enamorado, con un proyecto. Así vago, sin rumbo, sin destino. Y en medio de esta oscuridad que me aflige, me entero del motivo de esta ruptura. Hay otro. Un fulano cualquiera, que debe ser mejor que yo, o hacerla más feliz. Qué se yo. Pensarlo me carcome los intestinos y me hace sentir peor de lo que estoy.

Como he estado tanto tiempo de hombros caídos, y sin energía ni para abrir la puerta de mi nueva habitación, que parece una cueva, en comparación con el hogar que compartíamos, me empezó un dolor de espalda insoportable. Creo que el hecho de estar tan abatido emocionalmente, y tan triste, contribuyen con mi dolencia. Me dedico a la informática y paso muchas horas sentado en la silla, no hago gran ejercicio, pero no suele dolerme la espalda de este modo. Esto parece nuevo y son ya varios días los que he pasado así. De modo que decido ir a un fisioterapeuta, a una clínica que hay aquí cerca de esta casa en la que estoy y no me identifico. Cuando llamo, me atiende una chica muy simpática que me recuerda a ella cuando empezábamos. Mierda. Joder. Creo que no hablaba con ninguna chica desde que me dejó, se me hace todo tan extraño...