lunes, 23 de mayo de 2022

El fisioterapeuta que vino de Marte

Lo bonito de la fisioterapia es que nunca deja de sorprenderte. Sea para bien, o más habitualmente para mal, esta profesión que dicen que es ciencia y arte, tiene en sus múltiples (cada vez más) profesionales todo un rango inabarcable de personas que piensan(no todos), respiran y practican sus tratamientos, mediante agentes físicos, de muy diversas maneras. Es imposible encontrar a dos fisioterapeutas que se parezcan en algo. Los hay quienes piensan que son ellos quienes consiguen sus resultados frente a quienes cuestionan cada micro - movimiento que inducen al paciente. Los que prostituyen el término holístico hasta el infinito, los que creen controlar con sus manos el movimiento de tejidos nanométricos, los que están aquí sólo para follar, los que no hacen nada si no es con ultra evidencia científica, los que elevan su ego por encima de las nubes los que utilizan las pseudociencias y se creen los mejores,  los que patentan herramientas a tutiplén, los Inefpeutas como Josemi...¡Incluso los que te estafan a plena luz solar sin título, vergüenza o escrúpulos! No es de extrañar por tanto, que los pacientes terminen por volverse locos cuando acuden a un fisioterapeuta y les practica reiki, para buscarse luego otro que les manipula y después un tercero que simplemente les da un masaje con mucho aceite. Acaban desquiciados por no comprender de qué narices va esta profesión que, se supone, les tiene que recuperar físicamente y donde parece que cualquier ocurrencia vale para ello. Sólo, de vez en cuando, y rebuscando en lo recóndito de la dolencia, se alinean los planetas para dar con la clave de lo que le pasa al paciente. Y con el mismo grado de poca frecuencia, sólo de tanto en cuando, aparece un hijo pródigo de la fisioterapia que viene a iluminarnos con su sapiencia y a dar una vuelta de tuerca (otra más) a este arte científico de la terapia. Preparaos, queridos fisios, poneos cómodos y agarraos bien a vuestros asientos, porque lo que vais a leer a continuación os hará cuestionaros cada minuto de vuestra mísera vida profesional. Estad atentos porque, si creíais que lo sabíais todo de la fisioterapia, os vais a dar con un canto en los dientes. Os presento....al inigualable Javier Alfonso, el fisioterapeuta que vino de Marte.


miércoles, 6 de abril de 2022

Tocar

Tocar es un verbo que viene de la onomatopeya toc, la representación del sonido seco que a veces hacemos al tocar con cierta fuerza una superficie dura. Teniendo en cuenta que este verbo tiene hasta un total de 29 acepciones, según la RAE, y que hay muchas y muy diferentes maneras de tocar algo, quizá podamos decir que es un tanto injusto que la acción o el hecho de ejercitar el sentido del tacto tenga que llamarse así, de ese modo seco, duro, y si queremos, poco natural, pues nadie va por la vida tocando para hacer toc, precisamente, salvo quien tenga, precisamente, un toc. Pero, dejando a un lado los juegos de palabras, para este artículo nos quedaremos con algunas definiciones del verbo que nos pueden cuadrar más, siendo más puramente éstas las que se refieren PRECISAMENTE, al tacto. Y sin meternos mucho en la PRECISIÓN que tenemos los fisioterapeutas en este hecho, es mi intención reivindicar desde estas páginas una de las mejores virtudes que tiene esta profesión, que por desgracia no son muchas. Y sí, evidentemente, estoy hablando, de la cualidad de TOCAR.

martes, 18 de enero de 2022

El fisio del Atlético de Madrid

Dicen, los que de aquello saben, que el Homo Sapiens necesita de mitos para poder seguir evolucionando y que no fue hasta que no vivió su propia revolución cognitiva, hace unos 70.000 años, cuando supo de esta necesidad y empezó a crearla. La propia evolución de la especie indica que, desde su aparición en el mundo, datada hace 315.000 años, hasta esa fecha, su evolución fue prácticamente cero, pero en el momento en que esos cambios sucedieron, todo comenzó a fluir de un modo rápido, hasta llegar a la época actual. Comenzó entonces a crear lugares comunes donde toda la especie pudiera identificarse y trabajar en conjunto, constructos imaginarios e inventados que en realidad no existen, pero que nos permiten avanzar como especie, al forjar destinos sobre sentimientos comunes. Da igual que fueran dioses, religiones, naciones, pueblos, héroes, banderas, equipos de fútbol...el ser humano necesita creer en esos motores de expansión ficticios, para ahorrar en la economía de la mente y conseguir el desarrollo. Y de entre todos esos mitos ficticios jamás creados, hay uno en el ámbito de la fisioterapia que sin duda a aunado como pocos a fisioterapeutas y pacientes, empresarios y falsos autónomos, rehabilitadores y masajistas, osteópatas y científicos...razas opuestas dentro de un mismo sino, que están sólo de acuerdo en una cosa: todo el mundo conoce a ese tipo que fue fisioterapeuta del Atlético de Madrid. Al menos, una vez en la vida.

martes, 21 de diciembre de 2021

La línea finita

Uno de los peligros actuales de las redes sociales es que cualquiera puede escribir cualquier cosa, manteniendo un pretendido estilo correcto y respetuoso, y dotarlo, gracias a la palabra, de cierta entidad o contenido válido para la parroquia. Si dicho texto, por más necio que sea, consigue el suficiente conjunto de palmeros, se verá catapultado a la posición de dogma poco cuestionable, tratando de evitar así el filtro del raciocinio de quienes, al leerlo, queden estupefactos por intentar camuflar bajo un aspecto cordial y saludable, una sarta importante de tonterías. De esto modo, y a pesar de estar viviendo en el siglo con mayor desarrollo intelectual hasta la fecha, seguimos aupando a personas que no nos ofrecen la posibilidad de pensar y salir un tanto del conformismo o el pensamiento único, sino que disfrazadas de libérrimos adalides de su estanca profesión, sólo ofrecen líneas rectas y finitas que acaban donde ellos quieren, e imaginan que el pensamiento es un complejo bucle del que no saben escapar y les aterra. Así pues, y dado que la fisioterapia es víctima lacerante de estas buenas gentes, a las que debemos llamar también compañeros, me permito compartir esta reflexión por si sirve de ayuda o reflexión a algún/a compañer@.


lunes, 29 de noviembre de 2021

Fisioterapia según convenio

A las puertas del 2022 y los pregones son más que oficiales: vamos de culo. Y no hace falta ser Nostradamus para ver que nada cambiará en los próximos diez años, porque no hay ningún tipo de voluntad. La fisioterapia que camina a dos velocidades y les sonríe a unos, dilapida a otros. Compañeros de pupitre todos, pero quebrados por la necesidad de subsistencia de una profesión que ni está ni se la espera en los ámbitos de equipos hospitalarios multidisciplinares, por más que haya fisioterapeutas luchando por visibilizarla. Podría haber cien como esos, que mientras nadie con mínima consciencia de lo que supone esta profesión acceda a un poder real, todo serán buenas palabritas y buenas intenciones. La sentencia de muerte de esta profesión, como una realidad sanitaria global integrada en equipos de atención socio sanitarios, ya está firmada. Lo está y lo estará gracias al sistema paralelo de clínicas de fisioterapia privada que hemos creado en todos los barrios de todas las ciudades del país, que sirve para perpetuar un modelo de atención obsoleto desde su nacimiento, pues son pocos y contadísimos los ejemplos y casos de estos lugares, que acogen y tratan a los pacientes en toda su esfera. Hablo de un holismo real, no de pamplinas. Hablo de cosas tan tontas como derivaciones a psicología, sesiones clínicas, de conversaciones fluidas con un traumatólogo,  tener la potestad de reclamar y comprender las pruebas de imagen de un paciente, que un facultativo de explique una enfermedad de base que afecta a un paciente, que la enfermera de turno te advierta de algún nuevo problema con el paciente o que acudan a tu chiringuito, pacientes con patología real.