La fisioterapia ha existido desde tiempos inmemoriales, siendo la profesión más antigua del mundo después de la que todos sabemos. Podemos contarlo como una parábola, como que Adán pidió a Eva (o viceversa) que le diera un masajito por la contractura que le había causado ver a esa horrible serpiente en el árbol. O podemos contarlo como lo que fue: una profesión que fue evolucionando desde el mayor de los rudimentos cavernarios, la aplicación de ungüentos, remedios y agentes físicos para paliar dolores o recuperar sapiens para la caza, hasta doctorarse en las universidades y realizar todo tipo de publicaciones científicas, 90% de ellas innecesarias y absurdas, porque lo importante es hacer bulto. Sea como fuere, la fisioterapia que hoy conocemos, llena de evidencia científica que suele ser ignorada, invadida por magufos que creen mover tejidos nanométricos como la fascia e intentando, ahora, poner la etiqueta de terapéutica incluso a los bostezos que emitimos en sus webinars, no hubiera existido jamás sin sus protagonistas: los fisioterapeutas. Aquellos seres que un día creyeron ser una profesión diferente y como tal se diferenciaron. Aquellos que dijeron que estaban hartos de untar aceites gratis para la tribu, que ellos necesitaban cobrar un sueldo y dejar de ser falsos autónomos de la sabana. Aquellos que viajaron al espacio para traer reliquias sacratísimas como el baño de remolino, la jaula de Roche y, por supuesto, la misericordiosa ultra divina MAGNETOTERAPIA. Aquellos seres, que hoy, tantos años después, se encuentran en una situación peliaguda, en claro PELIGRO DE EXTINCIÓN y cuya contribución, muchas veces necesaria, la mayoría no tanto, será siempre el legado de nuestra profesión. Va para ellos este pequeño homenaje a nuestros queridos FISIOSAURIOS.
¿Otro blog sobre fisioterapia? ¡¡¡Noooo!!! Un blog para fisioterapeutas y también para pacientes, donde encontrarás todo aquello que siempre quisiste saber y nunca te atreviste a preguntar.
jueves, 30 de junio de 2022
lunes, 23 de mayo de 2022
El fisioterapeuta que vino de Marte
Lo bonito de la fisioterapia es que nunca deja de sorprenderte. Sea para bien, o más habitualmente para mal, esta profesión que dicen que es ciencia y arte, tiene en sus múltiples (cada vez más) profesionales todo un rango inabarcable de personas que piensan(no todos), respiran y practican sus tratamientos, mediante agentes físicos, de muy diversas maneras. Es imposible encontrar a dos fisioterapeutas que se parezcan en algo. Los hay quienes piensan que son ellos quienes consiguen sus resultados frente a quienes cuestionan cada micro - movimiento que inducen al paciente. Los que prostituyen el término holístico hasta el infinito, los que creen controlar con sus manos el movimiento de tejidos nanométricos, los que están aquí sólo para follar, los que no hacen nada si no es con ultra evidencia científica, los que elevan su ego por encima de las nubes, los que utilizan las pseudociencias y se creen los mejores, los que patentan herramientas a tutiplén, los Inefpeutas como Josemi...¡Incluso los que te estafan a plena luz solar sin título, vergüenza o escrúpulos! No es de extrañar por tanto, que los pacientes terminen por volverse locos cuando acuden a un fisioterapeuta y les practica reiki, para buscarse luego otro que les manipula y después un tercero que simplemente les da un masaje con mucho aceite. Acaban desquiciados por no comprender de qué narices va esta profesión que, se supone, les tiene que recuperar físicamente y donde parece que cualquier ocurrencia vale para ello. Sólo, de vez en cuando, y rebuscando en lo recóndito de la dolencia, se alinean los planetas para dar con la clave de lo que le pasa al paciente. Y con el mismo grado de poca frecuencia, sólo de tanto en cuando, aparece un hijo pródigo de la fisioterapia que viene a iluminarnos con su sapiencia y a dar una vuelta de tuerca (otra más) a este arte científico de la terapia. Preparaos, queridos fisios, poneos cómodos y agarraos bien a vuestros asientos, porque lo que vais a leer a continuación os hará cuestionaros cada minuto de vuestra mísera vida profesional. Estad atentos porque, si creíais que lo sabíais todo de la fisioterapia, os vais a dar con un canto en los dientes. Os presento....al inigualable Javier Alfonso, el fisioterapeuta que vino de Marte.
miércoles, 6 de abril de 2022
Tocar
martes, 18 de enero de 2022
El fisio del Atlético de Madrid
martes, 21 de diciembre de 2021
La línea finita
Uno de los peligros actuales de las redes sociales es que cualquiera puede escribir cualquier cosa, manteniendo un pretendido estilo correcto y respetuoso, y dotarlo, gracias a la palabra, de cierta entidad o contenido válido para la parroquia. Si dicho texto, por más necio que sea, consigue el suficiente conjunto de palmeros, se verá catapultado a la posición de dogma poco cuestionable, tratando de evitar así el filtro del raciocinio de quienes, al leerlo, queden estupefactos por intentar camuflar bajo un aspecto cordial y saludable, una sarta importante de tonterías. De esto modo, y a pesar de estar viviendo en el siglo con mayor desarrollo intelectual hasta la fecha, seguimos aupando a personas que no nos ofrecen la posibilidad de pensar y salir un tanto del conformismo o el pensamiento único, sino que disfrazadas de libérrimos adalides de su estanca profesión, sólo ofrecen líneas rectas y finitas que acaban donde ellos quieren, e imaginan que el pensamiento es un complejo bucle del que no saben escapar y les aterra. Así pues, y dado que la fisioterapia es víctima lacerante de estas buenas gentes, a las que debemos llamar también compañeros, me permito compartir esta reflexión por si sirve de ayuda o reflexión a algún/a compañer@.

