miércoles, 14 de junio de 2017

Vigorexia: Nuestra responsabilidad como fisios

En los últimos tiempos la moda por el ejercicio físico, el running, el crossfit y los gimnasios en general, ha venido golpeando más fuerte que un hipertrofiado puñetazo en la cara de uno. Es curioso porque, paralelamente a este fenómeno, sucede que algunas publicaciones científicas como la revista The Lancet, sitúan a España en cabeza de los países europeos con mayor número de obesos. Hasta un 25 % de la población es obesa, dicen. Entendiendo por obesas a las personas que superan un 20% el IMC (índice de masa corporal) sin contar a personas que pesen así por estar muy fuertes, uno mira a su alrededor y le cuesta creer que ese dato sea cierto, pues no parece que una de cada 4 personas cumplan estas características. Pero el dato es muy superior al del número de personas hipertrofiadas, dicen que 4 de cada 10000, es decir un 0,04%. Entonces, ¿para qué este artículo? Quizá no debiéramos darle tanta importancia al fenómeno y sí al de la obesidad. Pues, la respuesta no es otra que: Hoy nos apetece hablar de esto.

Resulta muy sencillo ilustrar una entrada como ésta. Uno no tiene más que revisar algún perfil de Facebook del "típico" amigo enamorado de sí mismo, o de su propio cuerpo, que se pasa horas y horas de su vida levantando pesas, a modo de actividad improductiva. El resto del tiempo lo cubre hablando de la alimentación adecuada para su estado basal, o haciéndose fotos tras el entreno, cuando sus músculos están más congestionados y luce el doble de lo que en realidad es. Cuando este culto al cuerpo se torna en casi el único motivo de vida del individuo en cuestión, hasta el punto de estar obsesionado con estar cada día más fuerte, con una dieta radical y con mirarse los músculos sin parar, recibe el nombre de VIGOREXIA. Esta dismorfia muscular parece seguir el patrón inverso al de la anorexia (de hecho a veces se llama anorexia invertida) y es un TRANSTORNO MENTAL que sigue sin estar totalmente reconocido por la comunidad médica internacional. ¿Por qué? Pues no lo sabemos, ni lo entendemos, porque claramente es una obsesión como tantas otras y, además, puede poner en sumo riesgo nuestra salud.


Vamos a ver, no nos engañemos. No hace falta ser un erudito para adivinar que para tener un cuerpo como el de la fotografía, hace falta engañar a nuestro organismo. En el argot a veces se llama "hacer trampas". Nadie consigue esa musculatura a base únicamente de ejercicio hipertrofiante y una dieta estricta, rica en proteinas. No, no, nada de eso. No seáis ilusos. Hace falta mucha suplementación para llegar a ese estado, alterar el metabolismo hasta donde sea necesario y meterse en vena mierdas variadas, sin importar la factura que le hagan pasar al hígado o los riñones. Pocos ignoran ya que en los gimnasios donde se practica esta oda de lo absurdo, existe una especie de mercado pseudoclandestino de todo tipo de sustancias anabolizantes, esteroides, hormona del crecimiento, complejos multivitamínicos, creatina, oxido nitroso y, lo que quiera que sea que haga que te pongas fuerte en poco tiempo. Nuestro sistema neurológico está diseñado para ser económico, es decir, para intentar resolver el día a día con el menor esfuerzo energético posible. Sólo cuando este sistema detecta que vamos a mantener esfuerzos intensos de forma reiterada con los días, manda información para aumentar el caudal de fibras musculares de los vientres, aumentando así el tamaño del músculo. Pero estas fibras siempre serán las mínimas imprescindibles y, por mucho kilo que pongamos en la pesa, conseguir semejantes hipertrofias sólo es posible si sobrealimentamos las espectativas del propio cuerpo. Ponerse fuerte lleva mucho tiempo y dejar de estarlo, sólo unos pocos días,  y el ser humano no tiene tanta paciencia ni constancia la mayoría de las veces. Para eso inventó la ciencia, para llegar antes a sus objetivos y con el mínimo esfuerzo posible. Este además, requiere sudor.


Si bien no se conocen todavía muy bien los efectos reales que estas sustancias, o que una dieta hiperproteica y poco equilibrada pueden tener para la salud a largo plazo, sí se sabe que estas no son condiciones metabólicas naturales del ser humano. De algún modo, estamos obligando a "la máquina" a trabajar el doble, o el triple. La mayoría de los vigoréxicos, tienden a olvidar este punto. No sólo los músculos funcionan al doble, o al triple. También lo hace el corazón, el hígado, los pulmones, los riñones...Quizá entonces no sea cierto que no se sabe lo que pasa. Se conocen casos, quizá extremos...gente que fallece antes, gente que tiene parestesias, gente que se deshidrata, que tiene problemas de riñón, que no se pinchó el anabolizante adecuado...Porque también es cierto que camufladas entre estas mierdas para ingerir, existen otras aún peores. Y no tratamos de hacer ningún artículo amarillista, sólo hablar de lo que hay. Pocos o casi ningún médico recetan este tipo de compuestos y, si lo hacen, lo hacen por una necesidad médica lógica, una carencia de algo que afecte directamente a la salud del paciente. Estar hipermazado no es una necesidad real de nada. Inflarse a proteínas por las noches, tampoco. Hacer ejercicio físico está muy bien, pero estar obsesionado con parecer Hulk, tiene un nombre, se llama: trastorno. El hecho de tomar estas sustancias además, no suele conllevar ningún orgullo para el que lo hace, que tiende a presumir sobre sus músculos asegurando que no ha tomado nada de nada. Sí claro, ¡y mi abuela fuma opio! A partir de aquí, pueden llovernos todas las críticas que queráis, estamos más que dispuestos. Vosotros no creéis tener un problema, nosotros sabemos que lo tenéis, se llama VIGOREXIA, y su solución es más psicológica que otra cosa.


¿Y en qué afecta esto a la fisioterapia? Los fisioterapeutas, como agentes de la salud, tenemos que estar atentos a estos fenómenos (tampoco es que sean difíciles de distinguir). Si llega a tu consulta una persona hiperfuerte, cuya conversación se basa en preguntarte de músculos y hablarte de alimentación: blanco y en botella. La cosa es que este puede ser un tipo de pacientes muy propio de clínicas privadas, a las que normalmente acuden (aunque les joda porque pierden tiempo de entreno) porque han llegado al límite de dolor que pueden aguantar en una actividad y ya no la puede realizar. Por supuesto, sabemos que existen un tipo de lesiones asociadas a esta actividad, mayoritariamente tendinopatías, desgarros de fibras o similares, muchas de tratamiento lento, prolongado, y que requieren reposo, justo lo contrario de lo que nos va a pedir este tipo de paciente. Lo curioso del caso es que, la mayoría de los fisioterapeutas se pliegan a estas exigencia de los pacientes con su práctica deportiva obsesiva, confundiendo a este tipo de individuos con deportistas profesionales de alto nivel. Quizá esto venga dado porque algunos hablan de competir y, de hecho, compiten, luciendo músculos y pintándose los cuerpos para que parezcan aún más. Sabemos que pocos serán los fisioterapeutas que, de antemano, pauten reposo y cese de la actividad lesiva. Menos aún los que se planteen bien el caso y deriven al paciente al psicólogo, por un trastorno obsesivo de su imagen corporal. El miedo a perder un cliente paciente por decirle la verdad, es el motivo de no hacerlo.


Lo más preocupante no es el hecho de que dejemos pasar por alto este problema, por el hecho de estar socialmente aceptado o, de incluso, tener a estas personas como imagen idílica de lo que debiera alcanzar cualquier persona. Lo preocupante es que existen clínicas de fisioterapia o fisioterapeutas que apoyan este fenómeno, lo cultivan de algún modo. Hemos conocido casos de clínicas asociadas a gimnasios, que contribuyen incluso a la venta de suplementos proteicos o similares. Clínicas que se promocionan como "clínicas para este tipo de pacientes". También de casos de fisioterapeutas que se dejan los sesos para justificar sus actuaciones en pos de mantener la actividad obsesiva de estos pacientes. Hasta buscan bibliografía sobre el asunto. Otros que justifican sus dietas y que no alertan de los riesgos que pueden conllevar. E incluso, también, algún que otro fisio vigoréxico que ya, entendemos, cegado por la propia cuestión, pensará que estamos exagerando o que hablamos de una locura. Es habitual no reconocer el problema cuando uno lo tiene. Ojalá esta moda se pase prontito, sólo es cuestión de un mes sin entrenar para volver a estadíos más normales. No hay nada de bonito en esos cuerpos amorfos, quizá nunca os lo habían dicho. La vigorexia es un problema y es nuestra responsabilidad como agentes de la salud saber identificarlo, hablar de él como lo que es y poder llevar algún tipo de solución al asunto, que no sea sólo la de curar tendinitis.

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